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19 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

A los pies del Señor, en el prójimo

En la Ley antigua estaba escrito que amar a Dios con todo el corazón, y al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Hoy, en nuestros primeros pasos por el desierto cuaresmal, recibimos una ley nueva: Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.

Si el mandato antiguo convertía el amor al prójimo en una extensión del amor que cada uno siente por sí mismo, la nueva ley cambia el foco de atención, y nos descentra. Ya no se trata de amar a mi prójimo como me amo a mí, sino de amarlo como al propio Cristo. Y mi lugar junto a Cristo está a sus pies. A partir de ahora, «amar» significa «servir», situarme por debajo de mi prójimo como se postró el Señor para lavar los pies de los apóstoles.

Aquí tienes la mejor de las limosnas, que va más allá de entregar cosas y consiste en entregarse uno mismo: ceder tu sitio, escuchar más que hablar, escoger lo peor para ti, sonreír aunque estés cansado, jamás quejarte, interesarte por los problemas de tus hermanos, y hacerte el último en todo. Conmigo lo hicisteis.

(TC01L)