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18 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

El lugar de la Cuaresma

desiertoDel mismo modo que la celebración litúrgica del Adviento está marcada por el tiempo –ya sea la inminencia de la segunda venida del Señor, o los días que restan para celebrar su Natividad–, la Cuaresma está marcada por el lugar, y ese lugar es el desierto. Se trata de un escenario espiritual, pero es preciso convertirlo en escenario existencial. Durante cuarenta días, el cristiano vive sometido a las condiciones del desierto:

– La aridez: no buscaremos una oración consoladora ni sentimental. Aprenderemos a amar esa oración recia, en la que Dios parece callar y esperar mientras lo buscamos.

– El ayuno: el desierto es lugar de hambre y sed. Mortificaremos la carne, y la privaremos cariñosamente de satisfacciones, para que, libre de consuelos terrenos, recuerde que padece hambre de Dios.

– La pobreza: A través de la limosna, romperemos las cadenas del egoísmo, y nos vaciaremos de lo nuestro y de nosotros mismos, para que podamos ser llenados con la gracia divina.

– La soledad: Buscaremos el silencio, apagaremos televisores y reproductores de música, a fin de que podamos escuchar a un Dios que habla en voz baja.

El Espíritu empujó a Jesús al desierto… Vamos con Él. La travesía acaba de comenzar.

(TCB01)