El Mar de Jesús de Nazaret

12 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

Signos

Dos mil años han pasado, y muchos siguen reclamando signos. Y peregrinan de un sitio a otro, en busca de la última novedad en milagros, curaciones, apariciones o prodigios. No contentos con buscar signos del cielo, parecen regodearse también en los del infierno: ven demonios por todas partes, infecciones maléficas en cada dolor de cabeza, y guardan en su agenda más teléfonos de exorcistas que de médicos. Es como si lo ordinario les pareciese aburrido, y necesitaran sazonar sus vidas con excentricidades.

«¿Por qué esta generación busca un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación». Los dejó, se embarcó de nuevo, y se fue a la otra orilla.

Después de su Ascensión, Jesús se fue a la otra orilla, a la del cielo, y no ha dejado aquí un signo mayor que la Cruz. ¿Os parece poco? La oscuridad luminosa de la fe; la bendición que se esconde en una enfermedad; el privilegio que oculta una humillación; la sequedad de una oración que, a veces, es puro esfuerzo; y la mirada tierna y embelesada al crucifijo… ¿Tan poco te dicen esos signos, que necesitas la imagen de un santo que llore café?

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