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5 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

Milagros aún mayores

Impresiona la forma en que el cuerpo de Cristo derramaba gracias como si el favor divino manase de sus células. Colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos la orla de su manto; y los que lo tocaban se curaban.

Sabemos que esas gracias no operaban de manera automática; requerían fe en quien las buscaba. No todos los que tocaron físicamente al Señor fueron favorecidos.

Todo eso es verdad. Pero, si tocar con fe el borde del manto de Jesús sanaba aquellas enfermedades corporales… ¡Qué no será tocar su cruz con la vida, como los mártires, o como aquellos enfermos que unen sus dolores a los de Jesús crucificado! ¡Qué milagros no obrará una comunión recibida con fe, cuando el cuerpo de Cristo y el nuestro se hacen una sola carne! ¡Qué dolencias del alma no sanará una hora de adoración eucarística, cuando, a través de la contemplación de la sagrada Hostia, nuestra alma casi toca la divinidad de Cristo! ¡Cuántas enfermedades espirituales quedarán curadas con el contacto entrañable de la absolución sacramental recibida con fe!

No ha disminuido el poder del Señor. Hoy obra maravillas mayores que entonces. ¡Si tuviéramos fe!

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