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2 febrero, 2018 – Espiritualidad digital

¡Qué gran día!

Se reúnen en el corazón de la Iglesia, cada 2 de febrero, gozo y dolor. La alegría de la Navidad, ya pasada, y el dolor de la Semana Santa, cada vez más próxima, parecen darse cita en una sola fiesta. Un escalofrío recorre el alma del cristiano.

Mis ojos han visto a tu Salvador… El gozo de Simeón ante el Niño Dios es, también, nuestro gozo. En mi parroquia, como en muchos hogares, el Belén sigue luciendo hasta el día de hoy; mañana lo retiraremos. Pero no queremos privarnos del júbilo de Simeón. Dios se ha hecho Niño, camina con nosotros y nos trae noticia del Amor más grande.

Una espada te traspasará el alma… La sangre de las tórtolas, derramada por el sacerdote, unida a la ofrenda de la vida del Primogénito, ya anuncia el sacrificio del Calvario. Aquel sacerdote nunca supo que ofrecía la misma Víctima que yo ofrezco en cada misa. Sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados (Hb 9, 22). La Semana Santa está presente por entero, como en germen, en la fiesta de hoy. Y las velas con que entramos en la iglesia ya preanuncian la Vigilia Pascual.

¡Qué día tan grande!

(0202)