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29 enero, 2018 – Espiritualidad digital

La respuesta está en los cerdos (sin perdón, que así se llaman)

¿Te has preguntado alguna vez por qué los gerasenos, después de haber contemplado cómo Jesús arrojaba a una legión de demonios del cuerpo de un hombre, le rogaban que se marchase de su comarca? ¡Qué contradicción! Mientras multitudes, en Cafarnaúm, recorrían enormes distancias para apiñarse en torno al Maestro, los gerasenos le pedían que se marchase. ¿Acaso eran de peor natural que los cafarnaítas, o estaban menos dotados para lo espiritual?

Por desagradable que parezca, la respuesta está en los cerdos. Ellos guardan el misterio de la condición humana.

Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo y se ahogó en el mar.

Si Jesús hubiera multiplicado panes y peces en Gerasa, como hizo en Cafarnaúm, los gerasenos se habrían rendido a sus pies, y no lo dejarían marchar. Pero, en lugar de darles de comer, el Señor dejó que se perdiera una piara entera por salvar un alma. Para aquellos hombres, semejante precio era inasumible.

Muchos hay dispuestos a ganar lo que puedan con Jesús. Pocos hay dispuestos a perderlo todo por Él. Ahí tienes, también, el secreto de ese: «¡Crucifícalo!», que tanto te escandaliza.

(TOP04L)