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27 enero, 2018 – Espiritualidad digital

Un duermevela

Por supuesto, no estuve allí. Y, si hubiera estado, lo más probable es que hubiese reaccionado como lo hicieron los Apóstoles.

Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?».

Pero, leído dos mil años después, y desde la distancia que marca la oración, creo que, ante esa imagen, me hubiera quedado embelesado, y hubiese olvidado la tormenta. Al menos, me hubiese gustado reaccionar así.

Él estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal.

Al verlo dormido, me habría quedado mirándolo, y ya no me importaría nada más que su sueño. Si duerme Jesús, ¿por qué alterarse? Más nos valdría dormir también a nosotros. Aunque, si durmiéramos, lo perderíamos de vista. Mejor velar su sueño, y contemplarlo. Nada tenemos que temer de la tormenta, si Jesús duerme.

Míralo en el sagrario. ¿No ves que está dormido? Y no quieras despertar al Amor. Déjalo dormir, y mantente junto a Él, de rodillas, en un duermevela. Sé que tu vida está agitada; la mía, también. El mundo está agitado. Pero, si Jesús duerme, las cosas no serán tan graves como parecen. Descansa en Él…

Mira: un día, ese Jesús que duerme en los sagrarios se despertará. Ojalá, cuando lo haga, estés en vela.

(TOP03S)