Evangelio 2018

25 enero, 2018 – Espiritualidad digital

La santidad pasa por Ananías

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que san Pablo, al acudir a Damasco en persecución de los cristianos, no cumplía un encargo… Mejor dicho, cumplía el encargo que él logró que le asignasen; cuenta Lucas que Saulo se presentó ante el sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco (Hch 9, 1). Es decir: «Mándame lo que te pido, y te obedeceré». Realmente, iba en nombre propio.

A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre… El discípulo de Cristo, sin embargo, nunca hace nada en nombre propio. Si la obediencia es tan importante en la Iglesia es porque, así, sabemos que es Cristo quien actúa, y nosotros somos instrumentos en sus manos.

Saulo, antes de ser cristiano, debía aprender esa lección. Por eso, cuando preguntó: ¿Qué debo hacer, Señor? (Hch 22, 10), Jesús no le entregó una «hoja de ruta» con sus movimientos de los próximos dos años, sino que le dijo: Continúa el camino hacia Damasco, y allí te dirán (ibid.). Allí se le presentó Ananías, y Pablo le obedeció.

Por eso tiene tanto valor, entre nosotros, la dirección espiritual. Todos necesitamos nuestro Ananías, si queremos ser santos.

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