El Mar de Jesús de Nazaret

24 enero, 2018 – Espiritualidad digital

Lágrimas sobre piedras

Muchos confunden el entusiasmo con la alegría espiritual. Durante la misa, o mientras escuchan la Palabra, se emocionan, derraman lágrimas… Y piensan que, en esos fervores, la semilla sembrada en ellos por Dios ha dado su fruto. Pero se equivocan. Cuando los discípulos de san Romualdo lo vieron llorar con lágrimas ardientes, le pidieron consejo para lograr llorar así. El santo les respondió: «No os lo aconsejo. Deja mucho dolor de cabeza».

Hablamos hoy de la semilla sembrada en terreno pedregoso; son los que al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumben.

El entusiasmo y el fervor son dones de Dios que alcanzan a los afectos y emociones. Pero los afectos y emociones no son lo más profundo del hombre; en sí mismos, son débiles y enfermos. Si, junto al fervor, no se cultiva la vida espiritual, ni se hace penitencia, ni se mortifica la voluntad, ni se cultiva el entendimiento con una buena formación, los impulsos del fervor decaen con la misma facilidad con que nacen. Y, peor aún, el apego a esos consuelos sensibles impedirá conocer la alegría verdadera.

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