Evangelio 2018

18 enero, 2018 – Espiritualidad digital

A la distancia justa

No era la primera vez que Jesús lo hacía: Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. Es natural: si a Jesús lo hubieran acaparado cinco personas, los demás no habrían podido verlo ni escucharlo.

También hoy reina Jesús desde la distancia. No sube a una barca, sino a los accidentes del pan y del vino, que lo apartan de la voracidad voluptuosa del sentido. ¡Qué sería de nuestros templos si el Señor se mostrase en ellos con su cuerpo físico! O, peor… ¡Qué sería, qué habría sido de Él! Pero las almas eucarísticas aprenden a tratarlo a esa distancia, libres del ruido de la sensualidad. Para ellas, la distancia entre los ojos y el sagrario dibuja el abrazo más sublime.

Antes se hablaba de «gravedad sacerdotal», y más nos valdría volver a hablar de ella. También los sacerdotes debemos alejarnos un poco de los fieles, aún a costa de parecer menos simpáticos; no pertenecemos a diez privilegiados, sino a todo el pueblo de Dios. Y, aunque a algunos les guste que los estrujen, no es ésa la llamada que hemos recibido. Debemos pertenecer a todos, aunque nadie quede totalmente satisfecho.

(TOP02J)