El Mar de Jesús de Nazaret

17 enero, 2018 – Espiritualidad digital

Verdadera y falsa humildad

Jesús buscó siempre el último puesto en la mesa de los hombres. Miradlo hoy: los fariseos ocupan el lugar de amos y jueces. Desde esa tribuna, observan al Señor para ver si curaba en sábado y acusarlo. Por debajo de ellos se encuentra ese hombre que tenía una mano paralizada. Era un enfermo, un pecador, un maldito a sus ojos. Y, por debajo del enfermo, pecador y maldito, se encuentra, postrado, Jesús, dispuesto a servirlo y a sanarlo de su enfermedad como el siervo lava los pies de su señor.

Lo sorprendente es que, cuando los fariseos, ejerciendo su papel de amos y señores de la escena, juzgan al Señor por curar al enfermo en sábado, Jesús se levanta de su último puesto y, alzando la voz, toma el lugar de Dios que le corresponde y acalla las voces de quienes murmuran. ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre, o dejarlo morir? Atemorizados, ellos callaban.

Apréndelo, cristiano, que estás llamado a ser otro Cristo: serviremos a todos los hombres sin distinción, pero jamás pediremos perdón por decir la verdad, sino que la proclamaremos con santo orgullo. Evita la falsa humildad.

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