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12 enero, 2018 – Espiritualidad digital

El milagro más grande

He aquí un milagro que pudo no haber sucedido; al menos, no como querían los que lo imploraban:

Vinieron trayéndole un paralítico llevado entre cuatro (…) Abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía (…) Viendo Jesús la fe que tenían

Aquellos hombres traían a su amigo con la esperanza de que Jesús sanara sus piernas. Pero los ojos del Señor se clavaron una parálisis peor: la del pecado. Tanto se le fue la cabeza a esa enfermedad, que olvidó la del cuerpo:

Hijo, tus pecados te son perdonados.

Cundió el desconcierto entre quienes no habían acompañado a Jesús en aquel viaje al centro de las almas. Esperaban una sanación corporal, no un hombre perdonando pecados. Y les pareció irreverente.

¿Por qué habla éste así? Blasfema.

La insolencia de los escribas devolvió al Señor al mundo de la carne. Y, como le pedían, curó las piernas.

Pocos supieron que el verdadero milagro se había producido antes. La curación de ese amigo tuyo que está en el hospital, y que lleva años sin rezar, no es el milagro más grande. El milagro más grande es que se confiese y reciba la unción. Aunque se marche al cielo diez minutos después.

(TOP01V)

“Evangelio