El Mar de Jesús de Nazaret

5 enero, 2018 – Espiritualidad digital

Tú me ves, y yo te veo

Me has cautivado, Niño Dios, como cautivaste a Natanael: Cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

No hay higueras en mi casa, ni tampoco cerca de donde yo vivo. Pero, cada vez que me acerco a ti, llego con deseos de mirarte, y, antes de que pueda darme cuenta, me siento mirado yo. Siento cómo tus ojos de niño sondean los pliegues más profundos de mi alma y los rincones más escondidos de mi pensamiento. Tu mirada pasea por mi interior con tal cariño, que me sé comprendido y amado. Lo que nadie sabe de mí, lo sabes Tú. Lo que nadie comprende de mí, lo comprendes Tú. Y lo que yo mismo desconozco de mí, lo conoces Tú. Sólo a tu lado consigo llevarme bien conmigo mismo. Tus ojos me han enseñado a amarme.

Me has visto, Jesús, y ahora seré yo quien te vea. Me mostrarás tu intimidad, abrirás para mí tu corazón sacratísimo, y, como el discípulo amado, recostaré en él mi cabeza y conoceré tus sentimientos. Guiado por ti, llegaré hasta el altar, y allí veré el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Nos amaremos.

(0501)

“Evangelio