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27 diciembre, 2017 – Espiritualidad digital

Todo un baile en la quietud

La Navidad es saltarina. Nos congregamos el 25 en torno al pesebre, y el 26 asistimos al martirio de Esteban. Cerramos los ojos, los abrimos de nuevo, y la festividad de san Juan nos lleva al día de la resurrección de Cristo, a quien hemos visto nacer hace 48 horas. Cuando nos queramos dar cuenta –es decir, mañana– habremos vuelto a los primeros años de Jesús para contemplar el martirio de los Inocentes. Todo un baile, entre nervioso y juguetón, alrededor de la Historia.

Y, sin embargo, aunque estemos bailando (¿cuándo bailaremos, si no bailamos en Navidad?), no nos hemos movido. Los ojos han permanecido fijos en el Niño Dios, porque en Él, cuando lo miramos con fe, se encuentra agrupada la Historia entera. Él es el alfa y la omega, el principio y el fin. Es Señor del tiempo, y también de la eternidad.

Vio, y creyó. Esos ojos de Juan, que son ojos de fe, abren la humanidad santísima de Cristo a la gloria de su divinidad. En el pesebre están Adán y Eva, allí están los santos y los mártires, allí estamos tú y yo…

En Navidad se reza con los ojos. Tú mira. Mira, y verás.

(2712)

“Evangelio