El Mar de Jesús de Nazaret

23 diciembre, 2017 – Espiritualidad digital

A tus manos, Señor…

Dice el salmo 139: Me cubres con tu palma. Si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confín del mar, allí me alcanzará tu izquierda, me agarrará tu derecha (Sal 139, 5b. 9–10). ¡Qué protegido se siente quien se sabe custodiado en las manos de Dios! Por eso dice otro salmo: A tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 31, 6). Nada malo puede sucederle a quien encuentra cobijo en esas manos. Ellas protegen al justo, y lo guían por el camino recto hasta las moradas eternas. El camino recto es Cristo.

De san Juan Bautista dice Lucas que la mano del Señor estaba con él. Y así creció el precursor de Jesús, obediente en todo a la voluntad de Dios y amparado por su Amor providente.

Lo peor que puede sucederle a una persona es que su vida esté en sus propias manos. Por eso te aconsejo a menudo que tengas un director espiritual y le obedezcas. Porque así sabes que tu vida se encuentra en las manos de Dios. Las manos del sacerdote, ungidas con aceite el día de su ordenación, son manos de Dios. Yo beso las mías muchas veces; no me pertenecen.

(2312)

“Evangelio