El Mar de Jesús de Nazaret

16 diciembre, 2017 – Espiritualidad digital

Un disgusto litúrgico

«¿Por qué tanto color morado, Padre? ¡Si se nos está anunciando la llegada del Señor! ¿Qué sentido tiene un color tan triste durante este tiempo?». Me lo preguntaba hace poco una feligresa mientras miraba, en la sacristía, la casulla del sacerdote preparada junto al cubrecáliz, todo del mismo color. Evité la tentación de pensar que su disgusto era «político», porque, en España, el morado ha adquirido últimamente connotaciones muy extrañas. Pero el disgusto de mi feligresa era litúrgico, y por eso accedí a aclararle las cosas.

Elías vendrá y lo renovará todo… Se refería a Juan el Bautista. Las alegrías, en la Iglesia, se preparan siempre con tristezas, igual que las fiestas se preparan con ayunos. Nos entristecemos para tomar carrerilla, como el muelle se prensa para expandirse más después. Durante el Adviento, Juan Bautista nos recuerda nuestro pecado, nos llama a la penitencia y a la conversión, y nos invita a llorar nuestra pobreza para así preparar el camino a quien viene a liberarnos.

No hay nada malo en ello, señora. En la Iglesia nos gusta estar tristes, porque nuestra tristeza siempre acaba convertida en alegría. No tenga miedo al morado, que llegará el blanco.

Y, entretanto, mañana… Rosa.

(TA02S)

“Evangelio