Evangelio 2018

8 diciembre, 2017 – Espiritualidad digital

De Nazaret a Lourdes

guapísimaCuando, ante la embajada de Gabriel, María se llama a sí misma la esclava del Señor, no está improvisando una fórmula de cortesía, sino que está manifestando en palabras el modo en que ella se veía a sí misma. Poco después, ante Isabel, volverá a emplear la misma expresión: Dios –dirá– ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48).

En 1858, cuando María se aparezca, en Lourdes, a Bernadette Soubirous, se presentará a sí misma con estas palabras: «Yo soy la Inmaculada concepción».

¿Sabía María, cuando, en Nazaret, se vio ante Gabriel, lo que sabía de sí misma en 1858, cuando se apareció en Lourdes y ya tenía su morada permanente en los cielos?

Desde muy niña, la Virgen experimentó una sensibilidad especial para todo lo divino. Sabía que su alma era un cristal limpísimo, que se dejaba herir por los rayos de un Sol amante. Entre aquel momento y su Asunción a los cielos, ella fue entendiendo el misterio de su limpieza interior. Y supo que Dios le había dado un corazón totalmente puro, ajeno por completo al pecado. Pero conservarlo así fue mérito suyo.

¡Oh, María, sin pecado concebida, ruega por nosotros, que recurrimos a ti!

(0812)

“Evangelio