Evangelio 2018

23 noviembre, 2017 – Espiritualidad digital

Un dolor dulce que salva almas

Conmueve, y mucho, contemplar a Jesús llorando desconsolado por las culpas de su pueblo. ¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos.

Desde aquel monte, que es un balcón abierto hacia Jerusalén, Cristo vio las consecuencias de los pecados de aquellos hombres, y, pregustando la angustia de Getsemaní, los vio condenarse: Vendrán días sobre ti en que tus enemigos (…) te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán en ti piedra sobre piedra. ¿Nos quedaremos fríos mientras Jesús llora?

Pero, más que eso… ¿Lloramos al ver llorar a Jesús? O, mejor, ¿lloramos sus propias lágrimas? ¿Nos duelen los pecados de quienes nos rodean? ¿Hacemos penitencia por quienes no creen? ¿De verdad tenemos celo de almas?

El celo de almas es un dolor; un dolor intenso y dulce, que nos hace sufrir por las almas que viven lejos de Dios. Ese santo dolor ha creado, en la Iglesia, apóstoles, evangelistas y mártires.

Quizá no te apetece pedir un dolor… Pero debes pedirlo, porque muchas almas necesitan que llores por ellas las lágrimas de Cristo, y que, movido por tu celo, te acerques a ellas para llevarles su Amor.

(TOI33J)