Evangelio 2018

21 noviembre, 2017 – Espiritualidad digital

«Virgen» es la Virgen

Aún usábamos cintas de casete. Y le escuchaba a mi padre: «Tengo que comprar una cinta virgen». Me sonaba rarísimo, porque, para mí, virgen era la Virgen María. Y asociar una palabra tan sagrada con una cinta metida en una caja que siempre se atascaba y te obligaba a usar un boli «bic» me parecía una blasfemia.

Si de mí dependiera, yo no usaría la palabra «virgen» más que para la Virgen. Y para las monjas, que se miran en ella. Porque la virginidad de María, evocada hoy en esa consagración realizada en el Templo cuando era niña, es virginidad enamorada. Nada tiene que ver con la soltería, ni con la frialdad, ni con la represión patológica de las pulsiones naturales.

El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre. La virginidad de María, en lugar de hacerla estéril, la convierte en Madre de Dios. Al entregar al Espíritu su cuerpo, entrega también alma, voluntad, y vida. Así, el Espíritu puede llenarla de Dios, y es a Dios mismo a quien da a luz.

Por eso, si de mí dependiera, quien dijera «virgen» debería decir «María».

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