Evangelio 2018

19 noviembre, 2017 – Espiritualidad digital

Holgazán, y parlanchín

Es costumbre muy nuestra la de cargar las culpas sobre otro cuando nos sorprenden en falta. Si ese otro es, precisamente, quien nos ha sorprendido, mejor: que se sienta culpable quien acusa, y así los acusados pareceremos víctimas. Lo hizo Adán, cuando culpó a Dios de haberle dado por mujer a quien le tentó con el pecado.

Y lo hizo el siervo negligente y holgazán de la parábola. Al verse acusado por su señor, cargó las culpas sobre él: Siegas donde no siembras, y recoges donde no esparces.

Así leído, impresiona. ¿Quién va a ponerse de parte de uno que siega donde no siembra y recoge donde no esparce?

Yo mismo. Además, tiene razón el holgazán «piquito de oro». Dios es así. Sembró la semilla del reino en doce hombres, y, poco después, recogió sangre de mártires y fe de enamorados por toda la tierra. ¿Cómo lo hizo? Sirviéndose del amor de aquellos Doce, cuyos corazones abrasados prendieron fuego al orbe entero.

En cuanto a ti, holgazán «piquito de oro», te excusas muy bien, pero en tu propia excusa se encuentra tu peor acusación: Tuve miedo. Exacto: tienes miedo a dar la vida. Si no cambias, no sirves para apóstol.

(TOA33)