Evangelio 2018

17 noviembre, 2017 – Espiritualidad digital

Mejor «encielado» que «enterrado»

Es lo malo de estar tan «enterrado»: que llega el terremoto y te sepulta del todo.

Comían, bebían, compraban, vendían, sembraban, construían; (…) llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todos.

No estás enterrado porque tus pies pisen fuertemente en la tierra. Lo estás cuando tu cabeza se encuentra también sepultada en los bienes de este mundo. Echa un vistazo dentro de tu cráneo, y mira lo que hay: problemas, hijos, nietos, pisos, dinero, televisión, dolores… Estás lleno de tierra. Incluso tu oración, si te descuidas, parece un saco de arena: «¡Señor, este problema! ¡Señor, esta enfermedad! ¡Señor, este sufrimiento!» … ¿Piensas alguna vez en el cielo? Porque todo lo que llena tu cabeza va a terminarse. Si tan aferrado estás a esos bienes, perecerás.

¿Por qué no te «encielas»? No hace falta que levites, no levantes los pies del suelo, que allí están bien. Pero alza la cabeza y llévala al cielo: piensa en la eternidad, sueña con la gloria de Dios, ilusiónate con la dicha de los santos, aspira decididamente a la santidad. Así, cuando todo lo terreno se destruya, será como si se rompiera un grillete, y saldrás al encuentro del Señor en el cielo.

(TOI32V)