Evangelio 2018

27 octubre, 2017 – Espiritualidad digital

Adversario, compañero, juez y abogado

Acostúmbrate, cada viernes, a clavar tus ojos en la Cruz. No me refiero a los ojos del cuerpo, que tienen que fijarse en mil cosas durante la jornada, aunque les hará bien, durante tu tiempo de oración, posarse amorosamente en un crucifijo. Pero, sobre todo, me refiero a tu alma, que puede encontrar ese crucifijo en todo lo que hoy te salga al paso.

Mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él, no sea que te lleve a la fuerza ante el juez.

El crucifijo es adversario, es compañero de camino, es juez, y es, también, si tú lo quieres, abogado. Es adversario, porque son tus pecados los que lo han llevado a la Cruz. Es compañero de camino, porque recorre junto a ti la senda de tu vida. Es juez, porque su mansedumbre salva al buen ladrón y deja en evidencia al malo.

Pero también, si durante tu vida te abrazas a Él, si llegas con Él a ese acuerdo amoroso, es tu abogado, y desde la Cruz pide al Padre que perdone tus culpas y te convierta en hijo suyo.

Ya lo ves. Depende de ti…

(TOI29V)