Evangelio 2018

23 octubre, 2017 – Espiritualidad digital

La pena del eterno ridículo

Condenarse por tonto debe ser una triste gracia. Imagino que, a la pena del fuego eterno, se añade, para los tontos, la pena del eterno ridículo. Ya comprenderéis que hablo de tontos con culpa. No es lo mismo la falta de luces que la obstinación de cerrar los ojos para no ver.

Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea… Y Dios le dijo: ¡Necio!

Quieres darte la «buena vida», y te anuncia Dios que morirás de mala muerte. Te crees dueño de muchos años, cuando tu propia existencia no está en tus manos. Y la «vidorra» que te prometen los bienes de este mundo –aunque los tengas en abundancia– no es sino una forma de cebarte antes de que la muerte te salga al paso y termine con todo. ¿No quieres darte cuenta de que lo que a ti te parece vida es una estúpida forma de morir?

Ojalá, ante el altar de Dios, donde una pobre porción de trigo es consagrada, pudieras exclamar cuanto dijiste ante tus miserables toneladas de grano: Descansa, como, bebe, banquetea… ¡He ahí el verdadero banquete, la verdadera «buena vida» por la que vale la pena renunciar a tus graneros!

(TOI29L)