Evangelio 2018

27 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

¡A la calle!

En cierta ocasión, un amigo me señalaba, admirado, cómo en cierta parroquia los matrimonios jóvenes acudían a las cuatro de la madrugada a velar al Santísimo.

Os confieso que, por más vueltas que le doy, no logro entender que el culmen del estado laical consista en que un matrimonio esté velando al Santísimo a las cuatro de la mañana.

Yo expongo al Santísimo en mi parroquia todas las semanas durante una hora los jueves por la tarde. Pero, en cuanto termina la misa, respetados los diez minutos de acción de gracias, quisiera coger una escoba para sacar a los seglares del templo a escobazos. No los echo, los envío. A mí, un seglar que pasa día y noche ante el Santísimo me parece comodón y beaturrón.

Los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos. La culpa, muchas veces, la tenemos los sacerdotes. ¿Será que nos gusta presumir de teneros encerrados? No lo sé. Pero si escucháis bien cuando rezáis ante el Santísimo (y debéis orar ante el Santísimo), notaréis que el Señor también coge su escoba y os grita: «¡A la calle! ¡A la calle, hasta que sea “la santa calle”! ¡A pescar hombres!».

(TOI25X)