Evangelio 2018

24 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

¡Contratado!

Me hace gracia la respuesta de aquellos hombres ociosos a quienes el dueño de la viña preguntó: ¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar? Ellos, seguramente con desgana, dijeron: Nadie nos ha contratado.

Me hace gracia porque, en el sentido profundo de la parábola, el propietario de la viña es Dios. Y eso de que Dios me ofrezca un contrato de trabajo se me hace estrafalario. ¿Tendré que presentar mi «curriculum vitae»?

Pues estamos apañados. Porque mi CV está repleto de pecados. ¿Cómo me contratará Dios con semejante recomendación?

No será por mi CV. Será por quien se lo presenta. Porque Cristo ha tomado mi vida en sus manos, con todo su historial de traiciones, y la ha subido a la Cruz. Allí la ha lavado con su sangre, y, desde allí, se la presenta al Padre.

Entonces, a la vista de esas manos llagadas que le entregan mi CV, Dios me dice: «¡Contratado!». Pero ya debo corregir los términos, que no se llama contrato, sino alianza. Es mucho más, del mismo modo que una boda es más que el papel sobre el que los novios firman.

Ahora debo trabajar para Él. Le pertenezco. Me ha contratado.

(TOA25)