Evangelio 2018

21 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

Miedo y envidia

Siento miedo y envidia ante el relato de la conversión de Leví. Quizá sea mejor que comience por el final.

Envidia. Me produce «santa envidia» el modo en que Mateo cambió radicalmente su vida con tanta agilidad ante una sola palabra del Señor. Yo escucho esa palabra todos los días, y quisiera ser tan ágil como ese publicano a la hora de cambiarlo todo. Pero los publicanos y prostitutas del evangelio sabían que estaban lejos, que eran pecadores, y que debían convertirse. Llegada la ocasión de enderezar sus vidas, la aprovecharon.

Miedo. Me produce miedo el pensar que yo estoy cerca de Jesús, y, por tanto, no estoy llamado a una conversión tan radical. ¿Estoy tan seguro de ser menos pecador que un ateo de cuya boca no se aparta la blasfemia? He visto, en muchas personas, cómo los pecados, en lugar de desaparecer, se mimetizan cuando el alma se acerca a Dios, y adoptan formas piadosas. Una vez mimetizados, la sensualidad espiritual –por ejemplo– es mucho más difícil de discernir que la burda lujuria. Y el cotilleo piadoso es mucho más difícil de reconocer que la murmuración grosera.

Sígueme… ¿Es por Mateo, o por mí? ¿O por los dos?

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