Evangelio 2018

19 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

En voz baja, y gritando

Se acercó Jesús a la viuda que enterraba a su único hijo: No llores… ¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! Por el poder de estas palabras, cesó el llanto de la mujer, y volvió a la vida el joven.

Fíjate cómo, a la viuda, Jesús le habla en voz baja. Al muerto, sin embargo, le grita, como gritó a Lázaro. No te extrañe. Cuando sufrimos, Dios se acerca a nosotros y nos habla al oído. Si no le escuchamos, la culpa es nuestra: estamos tan encerrados en nuestro dolor, que no somos capaces de dejarnos consolar ni por el mismo Dios. Una persona me decía: «Lo estoy pasando muy mal. ¿Cómo quiere que rece?». El dolor de quien sufre así no admite consuelo. Pero, si oramos desde el dolor, escucharemos esa voz dulce de Dios.

Sin embargo, ante la muerte, Dios grita. Cuando nos sepultamos en el pecado, nos alejamos de Dios, y Dios debe gritar. A veces quisiera yo gritar la absolución a algunos penitentes que me parecen seguir en lo hondo de un pozo muy negro. El grito de Dios espanta las tinieblas, y saca a los muertos de sus tumbas. Por eso, al morir, Jesús gritó.

(TOI24M)