Evangelio 2018

18 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

Un pagano sabio

Dios admirado es, casi, tan sobrecogedor como Dios llorando. Porque la admiración se produce cuando uno se ve sorprendido por la belleza inesperada. ¿Qué puede haber que sorprenda a Dios? ¿Qué puede haber que Él no espere? ¿Qué belleza puede cautivarlo a Él? Y, sin embargo…

Al oír esto, Jesús se admiró de él.

Es el milagro de la Encarnación. Siendo Dios, nada podía admirarlo. Pero, en su humanidad santísima, cabían la sorpresa, la novedad y la admiración. También el llanto. Como hombre, Jesús iba aprendiendo igual que cualquiera de nosotros.

Se admira Jesús de la fe de quien ni siquiera se había sentido digno de acudir a Él. Aquel centurión había enviado unos ancianos de los judíos para que intercediesen por él, pensando, quizá, que aquellos hombres eran más dignos ante Dios.

Un pagano sabio. Hizo lo que hacemos nosotros cuando acudimos a los santos para que presenten ante Dios nuestra oración. Yo, cuando hablo con Dios, me dirijo a Él como a un Padre bueno a quien amo. Pero, a la hora de pedir, siempre actúo como aquel centurión: busco la intercesión de los santos y de la Virgen. Confío más en sus méritos que en los míos.

(TOI24L)