Evangelio 2018

15 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

Dolores que valen la pena

Contemplad despacio uno de esos lienzos hermosos donde la Virgen aparece junto a la cruz de su Hijo. Aprenderéis muchas cosas.

No vayáis a pensar que allí se reúne todo el sufrimiento, y fuera de ese cuadro no existe el dolor. Hay dolor en los hogares, en las escuelas, en las calles y en las tabernas. Todos sufrimos. Sufre el creyente, y sufre el incrédulo. Lo que marca la diferencia no es la cantidad o intensidad del sufrimiento, sino el motivo.

Hay quienes sufren dolores de bisutería. No valen ni el peso de las lágrimas que los lloran. Son padecimientos egoístas y caprichosos. Sufren porque no se salen con la suya, porque no los tienen en cuenta los hombres, porque no gozan la salud que quisieran, porque se sienten solos o despreciados… Todo su dolor comienza y termina en ellos mismos.

Mira a María. Su dolor es grande, sobrecogedor, maravilloso y redentor. Sufre los dolores de su Hijo Jesús, que son dolores de Amor por los pecados de los hombres. Ese dolor la ha convertido en madre tuya y mía: Ahí tienes a tu hijo. Son dolores de parto.

Dime, ¿no querrías cambiar tus dolores por los suyos? Anda, pídeselo.

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