Evangelio 2018

9 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

Misterioso señorío

El mismo Jesús que animaba a sus apóstoles a escoger los últimos puestos, y que anunció sobre Sí mismo que sería crucificado, sin embargo, se proclama Señor: El hijo del hombre es señor del sábado. «Señor» significa «dueño». Y dueño del sábado sólo es Dios. Las palabras de Jesús son anuncio velado de su divinidad.

Lo sorprendente, tanto para quienes le escuchaban como para nosotros, es que esta proclamación no la realiza Jesús desde un trono, ni desde un palacio, ni desde lo alto de las nubes, sino desde un campo de trigo por el que camina, junto a sus apóstoles, como un pobre hombre que no tiene qué comer. ¿Quién podría creerle?

Míralo en la Hostia… ¡Tan pequeño! ¡Tan humillado! Y, sí, nosotros le creemos, y por eso nos postramos ante la custodia y nos arrodillamos ante el sagrario. Pero quien nos viese podría pensar que estamos locos o alucinados.

No lo estamos. Hemos aprendido cómo se consuma este reinado del Dios hombre, crucificado por nuestras culpas y, a la vez, redentor de nuestras almas. Y hemos aprendido, sobre todo, que servir con Él, y hacernos, con Él, los últimos de entre los hombres, es también reinar con Él.

(TOI22S)