Evangelio 2018

4 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

El médico que no quiso curarse a sí mismo

Hoy me ha impresionado la velada profecía con la que Jesús anuncia su Pasión. Cuando sus familiares y vecinos lo desprecian en Nazaret, el Señor se queja: Sin duda me diréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo», haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.

Tres años más tarde, y colgado en una cruz, tendría que escuchar palabras muy semejantes: ¡Sálvate a ti mismo, si eres hijo de Dios, y baja de la cruz! (Mt 27, 40). A otros salvó, y a sí mismo no puede salvarse. ¡Que baje ahora de la cruz! (Mt 27, 42).

Podría ser el título de una vida de Cristo, o incluso de una película sobre su persona: «El médico que no quiso curarse a sí mismo». Ése era, ése es Jesús. Todo su poder de Dios lo desplegó para sanar enfermos, para alimentar multitudes, para expulsar demonios, y hasta para convertir en vino el agua de una boda que se venía abajo. Pero lo escondió cuando fue Él quien padeció. Quiso padecer, quiso ser pobre, quiso morir para que nosotros gozáramos, fuéramos ricos y viviéramos.

¡El médico que no quiso curarse a sí mismo! ¡Oh, Jesús!

(TOI22L)