Evangelio 2018

3 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

Síguele, y no serás juzgado

Mientras la segunda venida de Cristo produce en el alma gran consuelo, el Juicio universal me parece aterrador.

El Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre los ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

A mis años, no puedo revisar mi conducta sin echarme a temblar. Ya he acumulado suficientes pecados como para no estar tranquilo.

¿Qué haré?

Me acogeré a otras palabras del Señor: Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. No tendré otro propósito que éste: unirme a Jesús, ser enteramente suyo. Quisiera no pecar jamás; pero, si no lo logro, procuraré que incluso mis pecados me unan más a Él, merced a la penitencia, y a su infinita misericordia. Si vivo unido a Él, moriré también unido a Él.

Así se cumplirán en mí esas palabras: Habéis muerto, y vuestra vida está escondida, con Cristo, en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, también vosotros apareceréis, juntamente con Él, en gloria (Col 3, 3–4). De este modo, el día del Juicio, no me contaré entre los juzgados; estaré sentado junto al Juez, como se sientan los amigos.

(TOA22)