Evangelio 2018

1 septiembre, 2017 – Espiritualidad digital

¡La alcuza!

En la parábola de las diez vírgenes, queda más que clara la imperfección de los personajes. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Santas, ninguna, porque todas se durmieron. Pero, al menos, ya que no se habían tomado la molestia ser santas, se les pidió que fueran listas. También queda claro, leyendo la parábola, que algunos (¿muchos?) se condenan por tontos. No hablamos de capacidades naturales, sino de la prudencia de quien sabe lo que quiere.

La astucia de aquellas vírgenes consistió en ir preparadas para un retraso. Se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. Esa provisión adicional les permitió estar a la altura cuando el esposo llegó, a pesar de haberse dormido. Cierto: si el esposo hubiera llegado a tiempo, todas habrían entrado. Pero…

Dios no tiene por qué llegar cuando lo esperas; eres tú quien debes saber esperar su hora. En segundo lugar, una religión de misa de domingo, padrenuestro por las noches y confesión pascual, es decir, una religión de lo justito, es -ya lo has visto- un pasaporte hacia el desastre. Ya que no eres santo, al menos sé prudente: ve a misa todos los días, reza el rosario, confiesa con frecuencia… ¡La alcuza!

(TOI21V)