Evangelio 2018

17 agosto, 2017 – Espiritualidad digital

Seres imperfectos pidiendo perdón

Cuando el criado de la parábola, angustiado por la amenaza de ser vendido junto a su familia para pagar su deuda, implora clemencia ante el rey, le dice: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo. No le mueve el dolor de haber sido injusto con un rey que le prestó dinero. Su petición es egoísta; desea librarse del castigo. No obstante, el rey se compadece, y va más allá de lo que el criado pedía. En lugar de diferir la deuda, la perdona.

La atrición es ese dolor de los pecados cuyo único motivo es el temor del infierno. No suscita en el alma la gracia, como sucede con la contrición. Pero es suficiente para poder confesar los pecados, y recibir con fruto la absolución. También el hijo pródigo recibió el perdón de su padre, a pesar de no tener más dolor que el hambre.

No esperes a tener unas disposiciones perfectas para confesar. Si ya fueras perfecto, no tendrías que confesarte. Dios es bueno y comprensivo, no temas. Para confesar válidamente, basta con que tengas pecados y no quieras condenarte. Si pides perdón, tal como estás, el amor no se hará esperar, y un día confesarás con contrición.

(TOI19J)