Evangelio 2018

16 agosto, 2017 – Espiritualidad digital

La misteriosa libertad para pecar

Cada vez que oigo hablar de la Iglesia como instancia de poder, me entra la risa. Cualquier concejal de mi pueblo tiene más poder que el Papa. Porque si el concejal ordena que no aparquemos en una calle, puede multar a quien desobedezca o llevarse el vehículo con la grúa. Pero si sale Francisco a la plaza de San Pedro a decir que perdonemos las ofensas, y quienes allí están no quieren perdonar, ni el Papa les multa, ni el párroco les pone un monaguillo de guardia para comprobar que cumplen la enseñanza.

Así debe ser; el bien no se practica bajo coacción. Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas (…) Si no te hace caso, llama a otros dos (…) Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso…

Tres veces dice Jesús si no hace caso. Porque el hombre debe actuar libremente. Y si, tras tres advertencias, el amonestado no se enmienda… Considéralo como un pagano o un publicano. Es decir, déjalo en paz y reza por él.

Bendita libertad, con todos sus riesgos. Si Dios permite pecar al hombre, ¿quién somos nosotros para impedirlo por la fuerza?

(TOI19X)