Liber Gomorrhianus

11 Agosto, 2017 – Espiritualidad digital

No hace falta morir para aprender

Tratemos de responder a la pregunta del Señor: ¿De qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?

Supón que tienes todo aquello con lo que tantos sueñan: dinero, prestigio, el aprecio de los hombres, y una salud de hierro. Sueña, incluso, con una juventud indestructible. Compras, comes, bebes, sales de vacaciones, amas y eres amado…

Yo conocí a alguien así. Era joven y guapo, hijo de una familia adinerada del sur de España. No había restricciones en su vida; ni un semáforo en rojo. Hacía cuanto quería.

Una mañana, a eso de las doce, después de una noche de borrachera, se acercó a mí y se echó a llorar. Me dijo que no dormía, que bebía para dormir y tampoco así lograba descansar. «¡Quién tuviera tu fe! ¡Si supieras que no soporto el silencio, porque me aterra pensar! Y, de noche, doy vueltas en la cama muriendo de asco, pensando en el sinsentido de todo lo que hago y en lo absurdo de la vida. ¡Quién tuviera tu fe!».

No envidiéis a quienes lo tienen todo, pero no tienen fe. Rezad, más bien, por ellos. Porque no hace falta morir para ir al infierno.

(TOI18V)