Liber Gomorrhianus

8 Agosto, 2017 – Espiritualidad digital

Todo un crucifijo sobre el agua

Llegada la noche estaba allí solo… ¿Hace falta enlazar con el comentario de ayer? Tan sólo de noche alcanzó la humanidad santísima de Cristo momentos de soledad donde poder desahogar el alma ante su Padre. Quizá por eso se hizo de noche en el Calvario.

A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los apóstoles no sabían lo que veían. Aún no había sido glorificado el Hijo del hombre, e ignoraban que era el misterio de la Cruz el que se presentaba ante ellos. En lugar de ser engullido por las olas de la muerte y del abismo, Jesús caminaba sobre ellas sereno y majestuoso. Ese Cristo era un crucifijo.

– Mándame ir a ti sobre el agua. ­– Ven. Como Simón, mientras mis ojos han estado clavados en la Cruz, he podido acercarme a Ti. La fuerza del Amor obró el milagro. Pero, también como Simón, cuando he llevado la mirada a mis dolores, me he hundido. Al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». También como él, te he gritado, y me has respondido. En adelante, no quisiera apartar jamás mis ojos de la Cruz.

(TOI18M)