Liber Gomorrhianus

7 Agosto, 2017 – Espiritualidad digital

Cuando no puedes ni llorar tranquilo

¿Habéis deseado quedaros a solas alguna vez? Quizá después de una mala noticia, o cuando fuisteis golpeados por un sufrimiento fuerte, sentisteis la necesidad de alejaros de todo el mundo para llorar en la intimidad. Jesús también experimentó esa necesidad: Al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.

¡Qué cuadro tan precioso! ¿Por qué nadie lo ha pintado? Jesús, solo en la barca, remando hacia una orilla donde poder llorar a solas la muerte de su amigo.

Media hora después, la magia del momento estaba rota: Cuando la gente lo supo, le siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. ¡Ni un momento de intimidad logró tener en la tierra el Hijo de Dios durante el día! Tan sólo por las noches pudo orar a solas a su Padre.

Olvidó el Señor su dolor, curó a los enfermos y dio de comer a la multitud.

Años más tarde, sobre la Cruz, nadie querrá acompañarlo. Y, cuando más necesidad tuvo de compañía, se encontrará solo con su Madre, con su amigo Juan… ¿Y contigo?

(TOI18L)