Evangelio 2018

6 agosto, 2017 – Espiritualidad digital

Escuchando silencios

Cuando, sobre el Tabor, Dios Padre señaló con su voz al Hijo, lo hizo con palabras muy parecidas a las que empleó en el Jordán, después del bautismo del Señor. Pero añadió algo.

Cuando Jesús salió del Jordán, la voz del cielo dijo: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco (Mt 3, 17). Sobre el Tabor, sin embargo, dice: Éste es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo.

Escuchadlo. ¿Has tratado de hacerlo? No podrás, con tanto ruido. Muchos que se quejan del silencio de Dios deberían, más bien, quejarse de su propia sordera. Se cubren con ruido, y no pueden distinguir su voz.

Si quieres escuchar al Señor, haz silencio por fuera, y también por dentro. Busca, en tu interior, ese lugar silencioso que existe en el centro del alma. Recógete allí, abre el oído, y dime… ¿qué escuchas?

Silencio. Escuchas silencio, porque en silencio habla Dios. Es un silencio pleno y luminoso, el Amor mismo callado y vibrante.

Alégrate. Porque dice la Escritura que el malvado escucha en su interior un oráculo del pecado (Sal 35, 2). Si tú eres capaz de escuchar ese silencio, es que Dios ha vencido al mal en ti.

(0608)