Liber Gomorrhianus

5 Agosto, 2017 – Espiritualidad digital

Si yo no quería…

Leyendo a san Mateo, cualquiera diría que Herodes mató a Juan contra su voluntad, como quien se ve forzado a hacer algo que no quiere.

El rey lo sintió, pero, por el juramento y los invitados, mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Toda una paradoja: asesina a Juan sin querer hacerlo, para guardar el octavo mandamiento, que ordena cumplir los juramentos. Sin embargo, el quinto, el que ordena no matar, parece importarle menos.

Lo he contado mal. Porque, a Herodes, la Ley de Dios le salía por una friolera. No era esa ley la que él cumplía, sino otra, la ley de este mundo, según la cual debes cuidar tu imagen y guardar tu prestigio. Si, para lograrlo, tienes que matar, ya se sabe, al que algo quiere, algo le cuesta. Es un precio inevitable. Te fastidias, y matas. Luego dices que tú no querías, y que, si fuera por ti, Juan tendría un monumento en la plaza del pueblo.

Todo comenzó con la lujuria; fue la lujuria la que lo movió al juramento, porque la impureza trae de la mano todos los pecados. Quien se mata por agradar a su cuerpo, también matará por agradar a sus aduladores.

(TOI17S)