Evangelio 2018

2 agosto, 2017 – Espiritualidad digital

No confundas la perla con el precio

Cuando el comerciante en perlas finas de la parábola encuentra una perla de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. No lo haría si no supiese que sale ganando; al fin y al cabo, es un comerciante, y al comerciante se le supone ánimo de lucro.

El significado de la parábola es claro: son tan valiosos los bienes del cielo, que, quien los encuentra, no duda en dar por perdidos los bienes de la tierra a cambio de las delicias celestiales. San Pablo decía: Todo lo doy por perdido, y lo tengo por basura, con tal de ganar a Cristo (Flp 3, 8).

Lo curioso es que haya personas que confundan la perla con el precio, y realicen la operación al revés: «Señor, haré una novena a san Tiburcio para que el tío Antonio se cure de la artritis». No digo que no sea lícito; mejor hacer una novena que darse a la bebida. Pero, en estos casos, la perla es un bien terreno muy caduco –la salud– mientras el precio son los bienes espirituales –las oraciones–. Uno reza como quien paga, no como quien recibe. Está bien, pero se puede comerciar mejor.

(TOI17X)