Evangelio 2018

26 julio, 2017 – Espiritualidad digital

Derecho de nietos

Vemos la televisión, oímos las noticias… Pero, ni nuestros ojos ven, ni nuestros oídos oyen; todo eso es muerte. El anciano Simeón, al final de sus días, tuvo en sus brazos al niño Jesús, y pensó que, por vez primera, había visto algo que valiese la pena, y que ya sólo le quedaba morir para seguir viendo en el cielo. Nosotros miramos al crucifijo, y escuchamos la Palabra de Dios. Así nos llenamos de una santa nostalgia, hasta el día en nuestros ojos y oídos puedan posarse en Cristo glorioso.

Bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. Jesús dedicó estas palabras a sus discípulos. Y la Iglesia se las dedica a los santos Joaquín y Ana. Ellos vieron a la Virgen niña, vieron al Hijo de Dios en sus primeros años de vida mortal, oyeron los gemidos infantiles de Madre e Hijo, y a ambos lo besaron y acunaron.

También son abuelos nuestros, ya que somos hermanos de Cristo e hijos de María. ¿Por qué no pedirles que nosotros, sus nietos, lleguemos a ver lo que ellos vieron, a oír lo que oyeron, y a alegrarnos eternamente con la luz que iluminó en la tierra sus días?

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