Evangelio 2018

18 julio, 2017 – Espiritualidad digital

La conversión comienza por los ojos

Solemos pensar en la conversión como un cambio de vida; pero, antes que un cambio de vida, la conversión es un cambio en la mirada. La vida, después, sigue a los ojos.

¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. El milagro es una llamada de atención de Dios; como si Dios, con un golpe de efecto, te gritara: «¡Mírame, estoy aquí!». En ese momento, apartas tu mirada de ti mismo y la diriges a quien, con un prodigio, ha llamado tu atención. Por eso te vistes de sayal y ceniza, para no mirarte tanto.

Tú puedes llegar a las puertas de la iglesia pensando en lo mucho que te duele la espalda por las mañanas. Pero, de repente, el sacerdote consagra, y, ante semejante maravilla, te olvidas de la espalda, de la frente y de las piernas. Tus ojos se clavan en la Hostia, y ya sólo existe Él. Te has convertido. Cuando sales de misa, te preguntan: «¿Cómo estás?» y respondes: «Ahora, muy bien». Sayal para tu espalda, y luz para tus ojos.

(TOI15M)

Liber Gomorrhianus