Liber Gomorrhianus

11 julio, 2017 – Espiritualidad digital

Herederos de Dios

Aquel joven, a quien conocemos como «el joven rico», preguntó a Jesús: ¿Qué he de hacer para tener en herencia vida eterna? (Mc 10, 17). Está claro que quería matar a Dios. No puedes heredar, si primero no muere el testador. Pero también está claro que, antes de matar a Dios, pensó que debía hacer algo para que Dios lo incluyera en su testamento.

Acertó en lo primero, y se equivocó a medias en lo segundo. En efecto, la vida eterna es inalcanzable para las fuerzas humanas; y el hombre sólo puede heredarla, para lo cual es preciso que Dios muera. Ha sido la muerte de Dios sobre una cruz la que ha derramado eternidad sobre los hombres.

Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. En este punto, el joven rico sólo acertó a medias. Porque él pensaba en merecer con sus obras la herencia, y eso es imposible. Dejarlo todo por Cristo no es sino una forma de vaciar nuestras manos, para que así puedan recibir esa vida con la que no merecíamos ni soñar. Es Dios quien da; no nosotros.

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