Liber Gomorrhianus

6 Julio, 2017 – Espiritualidad digital

La fe de un buen amigo

La frase «tu fe te ha salvado» es muy frecuente en los santos evangelios. Pero no todos los enfermos curados por Jesús lo fueron a causa de su fe. Por ejemplo, del paralítico que hoy nos presenta la Escritura no se nos dice que tuviera fe en su curación. Hubo fe, pero no consta que fuera la suya. Fueron otros –probablemente, sus amigos– quienes lo presentaron ante Jesús. Y el Señor –relata san Mateo– viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo! Tus pecados te son perdonados».

Es como para animarse. Quien tiene amigos así, realmente tiene un tesoro. Porque la fe de aquellos hombres no se conformaba con rezar y esperar respuesta. Además de clavarlos de rodillas, la fe de aquellos hombres los movía, los llevaba al encuentro del necesitado, les daba fuerzas para cargar con él, y orientaba sus pasos hasta la presencia del Señor. Una vez allí, bastaba con poner ante sus ojos tanto la necesidad de aquel amigo como su propia fe. Y el milagro se obró.

Conozco yo a muchos capaces de pasar el día entre oraciones, pero que jamás han salido al encuentro de quienes no tienen fe. ¡Tienen tantas ocupaciones «piadosas»!

(TOI13J)