Liber Gomorrhianus

4 Julio, 2017 – Espiritualidad digital

Buenas noches

Son sólo dos palabras. Pero ¡qué palabras!: Él dormía.

Se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas… Él dormía.

Te desmoronaste. Tu vida parecía hacerse añicos. Te inundaban las angustias y problemas… Él dormía.

El sufrimiento era insoportable; «el dolor, en estado puro», dijiste… Él dormía.

El mundo se venía abajo. La maldad parecía apoderarse de la tierra… Él dormía.

Lo despertaron gritándole: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Y no pareció despertar de buen humor: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» Aun así, increpó a los vientos y al mar, y vino una gran calma.

¿Te parece un precio justo, desvelar el sueño de Jesús para que resuelva tus problemas? ¿Acaso no está Él cansado precisamente por tu causa? ¿No vas a dejarlo dormir?

Mira, comprendo tu angustia. ¿O acaso crees que yo no la he sentido –o la siento– también? Pero, antes de despertar al Señor, piensa esto: Si Él es Dios, y duerme, la cosa no será para tanto. Si, en medio de toda esa tormenta, Dios duerme, ¿por qué no, en lugar de despertarlo, lo imitas y duermes tú también?

Ya despertará solo. Y entonces despertaremos tú y yo. Buenas noches.

(TOI13M)