Evangelio 2018

3 julio, 2017 – Espiritualidad digital

Con permiso de Tomás…

Puntualizar las palabras de un santo tiene sus riesgos, pero los asumiré. Después de todo, cuando las pronunció no era santo aún. Eso iguala la contienda entre pecadores, aunque haya muchas distancias que salvar.

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

Querido Tomás: si ves, entonces ya no crees, sino que ves. ¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean si haber visto.

Yo no creo en la existencia de mis dedos; los veo. Creo en la existencia de Marte, porque nunca lo he visto. Y creo que Cristo vive; lo creo porque mis ojos lloran su ausencia cada minuto. En ocasiones, la propia nostalgia da fe de lo que añora. No tendría sed, si el agua no existiera.

Creer supone no ver. En el cielo, la fe desaparecerá. Más aún, con realidades de la envergadura de un Dios muerto, resucitado y glorioso, que nos ama infinitamente, la visión, en las condiciones en que aquí vemos, sería un estorbo para la fe.

Mejor creer y esperar. Y amar llorando, si es preciso.

(0307)