Liber Gomorrhianus

30 junio, 2017 – Espiritualidad digital

Cuando lo de siempre no significa lo de siempre

Cuando Jesús sana al leproso que se había postrado ante Él, le dice: Ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio. ¿En qué consistía esa ofrenda?

Según el Levítico (Cf. Lv 14, 21ss.), la ofrenda consistía, para los pobres, en un cordero. El animal era inmolado (v. 25), y con su sangre se untaba el lóbulo de la oreja derecha, el pulgar de la mano derecha, y el dedo gordo del pie derecho del enfermo sanado.

Para que les sirva de testimonio… A través de este gesto, Jesús estaba diciendo a los sacerdotes que el verdadero Cordero había llegado. Y que, con su sangre, en la que quedaríamos purificados de la lepra de nuestras culpas, serían ungidos nuestros oídos para escuchar su palabra, nuestras manos para realizar sus obras, y nuestros pies para seguir sus huellas.

¿Recibieron aquellos sacerdotes el mensaje? Probablemente, no. Realizarían su trabajo de siempre con la rutina de siempre, para acabar en el descanso de siempre.

Pero también hay mucha gente que viene a misa, y, cuando sale, no ha comprendido nada.

No es que Dios no hable. Es que, muchas veces, estamos a otra cosa.

(TOI12V)