Liber Gomorrhianus

21 junio, 2017 – Espiritualidad digital

Sobre limosnas, curas y templos

En cierta parroquia donde estuve, había un feligrés que cada domingo dejaba 10.000 pesetas en el cestillo. Estiraba el billete, lo aireaba, se abanicaba con él, y después lo depositaba suavemente. Quizá no cumplía aquello de que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, porque de su donativo se enteraba su mano izquierda, su mano derecha, la mano izquierda del de vecino y el ojo derecho de todos. Pero los curas nos alegrábamos tanto…

Es que los curas tenemos fama de pedir dinero. Pero no seáis duros, que nunca pedimos para nosotros, sino para Dios, para la Iglesia y para vosotros, que preferís que haya luz, agua y calefacción en los templos.

Cuando hice una reforma para convertir la vivienda parroquial –donde vivía– en locales para catequesis y construir otra vivienda más pequeña, pedí que cada feligrés aportase cinco euros. Mientras tomaba un refresco en una terraza, cierta mujer se me acercó, quiso arrebatarme el refresco, y comenzó a vociferar que para eso quería yo los cinco euros, para darme la buena vida. Nadie movió un dedo, ni clientes ni camareros.

Lo mejor es que colaboréis con vuestra parroquia sin hacer alardes. Pero, aunque sea alardeando, colaborad.

(TOI11X)