Evangelio 2018

12 junio, 2017 – Espiritualidad digital

Formas distintas de llorar

No es lo mismo llorar que ser llorica; que también para las lágrimas es preciso tener estilo.

El llorica llora a tiempo y a destiempo; de día más que de noche, porque de noche nadie lo escucha. Llora para que le compadezcan, y busca en los demás miradas de compasión que le hagan sentirse importante. Si no tiene motivos para lamentarse, los inventa. Y, si le falta imaginación para inventarlos, tiene un buen catálogo del que echar mano: las guerras, el hambre, el cambio climático, la liga de fútbol… El caso es llorar.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. No se refiere el Señor al llorica; ése nunca encuentra consuelo. Se refiere a quien sabe llorarle a Dios.

Es todo un arte, y una gracia. La tienen las almas que sufren por dentro, pero saben sonreír a pesar de todo, para no cargar con su cruz a los demás. Nadie diría, al verlos, que están padeciendo. Sus dolores sólo los conocen los más íntimos: su cónyuge, su confesor, Dios. Vierten sus lágrimas silenciosamente ante el sagrario, y Jesús las enjuga. En tanto valoran ese consuelo divino, que jamás buscarán otro. No es lo suyo llorar por las esquinas.

(TOI10L)